Frases Celebres de Charles Dickens

Quien fue Charles Dickens?

Charles Dickens fue un famoso novelista inglés, uno de los más conocidos de la literatura universal, y el principal de la era victoriana. La narrativa directa de Dickens le hizo merecedor de un puesto especial entre los novelistas británicos.Supo manejar con maestría el género narrativo, con humor e ironía, y una aguda y fuerte crítica social. En su obra destacan las descripciones de gente y lugares, tanto reales como imaginarios.

Frases Celebres de Charles Dickens

 

El perro es, generalmente, un animal que jamas se venga del castigo que le aplica su amo. Charles Dickens.

El corazón humano es un instrumento de muchas cuerdas; el perfecto conocedor de los hombres las sabe hacer vibrar todas, como un buen músico.

Hay grandes hombres que hacen a todos los demás sentirse pequeños. Pero la verdadera grandeza consiste en hacer que todos se sientan grandes.

Hay hombres que parecen tener sólo una idea y es una lástima que sea equivocada.

No está en mi naturaleza ocultar nada. No puedo cerrar mis labios cuando he abierto mi corazón.

Honraré la Navidad en mi corazón y procuraré conservarla durante todo el año.

Reflexiona sobre tus bendiciones presentes, de las que todo hombre posee muchas; no sobre tus pasadas penas, de las que todos tienen algunas.

Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender. Frases exito

Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender

Esta noche las ventanas están resplandecientes, el rojizo resplandor del fuego de las chimeneas se refleja cálido y luminoso en las colgaduras y en las mullidas alfombras, la comida espera ser servida, la mesa del comedor está espléndidamente adornada, aunque sólo sea para cuatro personas, y en el aparador se amontona la vajilla. Esta es la primera vez que se ha preparado la casa para ser ocupada por sus moradores después de los cambios últimamente realizados, y se espera de un momento a otro a la feliz pareja. ‘Dombey e Hijo’, capítulo XXV. Charles Dickens.

He aquí una regla fundamental en los negocios: házselo a los demás, puesto que ellos te lo harán a ti. Charles Dickens.

La caridad comienza en mi casa, y la justicia en la puerta siguiente.

Donde millones de hombres se arredraron, allí empieza tú a trabajar.

Nunca podría haber hecho lo que he hecho, sin los hábitos de puntualidad, orden y diligencia, sin la determinación de concentrar en mí un objetivo a la vez.

Un maravilloso hecho para reflexionar es el que cada criatura se constituye como un único y profundo secreto y misterio. Charles Dickens.

El dolor de la separación no es nada comparado con la alegría de reunirse de nuevo.

No juzgue nada por su aspecto, sino por la evidencia. No hay mejor regla.

Yo nunca habría tenido éxito en la vida si no me hubiera dedicado a las cosas más pequeñas con la misma atención y cuidado que le dediqué a las más grandes.
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El gran corazón de Londres palpita en su pecho de gigante. La riqueza y la miseria, el vicio y la virtud, la culpa y la inocencia, la abundancia y el hambre más acuciante, atropellándose, agolpándose con tal de hacerse notar. Basta con trazar una pequeña circunferencia sobre los tejados arracimados de las casas y, en ese círculo, ocasión habrá de ver todo eso, más todo lo contrario y su contradicción. Palabras del Hogar, 1852.

La verdadera grandeza consiste en hacer que todos se sientan grandes.

No esta en mi naturaleza ocultar nada

Los caminos de la lealtad son siempre rectos.

El hombre nunca sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta.

Acostumbramos a cometer nuestras peores debilidades y flaquezas a causa de la gente que más despreciamos.

Nunca es tarde para el arrepentimiento y la reparación.

Vi cómo, tras llevar una vida emponzoñada en los sótanos más inhóspitos de una ciudad de la que nadie se ocupaba, al exhalar su último aliento, ni uno solo de aquellos pobres desdichados permitía que se echase a perder alguna partícula de sus males, aun cargadas como iban con el insoportable castigo que la culpa, más si colectiva, acarrea… -El reloj de maese Humphrey, número XLV, 1841. Charles Dickens.

 

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